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    Sin esperanza no hay alegría: Juan Bottasso, sdb (1936-2019) (PDF)

    “Esto debíamos hacer cuando el Padre Juan Bottaso estaba vivo”… esa frase nos repetimos varias veces, no solo en Editorial Abya-Yala, sino entre muchos de quienes ahora participan en estas páginas que hemos querido hacer en su memoria.

    Quienes lo conocimos también sabemos que el Padre Juan no era persona de solemnidades ni de homenajes: le hacían gracia, le parecían demasiado, no le gustaban las exageraciones ni las zalamerías. Pidiéndole perdón —él mismo decía que es mejor pedir perdón a pedir permiso— nos atrevimos a solicitar a algunas de sus gentes más cercanas pero en distintos puntos de la geografía— que contribuyan con un texto para recordar, siempre, que el Padre Juan ha sido un regalo en nuestras vidas.

    Hemos reunido en la primera parte aquellas palabras que se dijeron en la misa en su funeral, el 27 de diciembre de 2019, en la parroquia María Auxiliadora, en voces de las autoridades de la iglesia y de Universidad Politécnica Salesiana, así como de sus familiares más próximos: su hermano Domingo Bottasso, también misionero salesiano, y su sobrina Elena Villani.

    En la segunda parte, voces de quienes han sido cercanos, han trabajado, han caminado junto  a él o han sido guiados por él en su proceso de formación. Los distintos textos que integran este libro van dando pinceladas de color y de textura a un retrato de cuerpo entero de Juan Bottasso: el misionero, el compañero, el antropólogo, el amigo, el soñador, el curioso, el solidario. No son textos académicos, aunque varios de quienes han escrito sean parte de la academia, ni se analizan en ellos los innumerables aportes a la antropología y a la misionología que hizo el Padre Juan. Dejamos esa tarea pendiente. Más bien se trata de textos que construyen una semblanza del ser humano inquieto y noble que fue, escritos desde el corazón, desde la amistad, desde la buena fortuna de haberlo tenido entre nosotros. En los textos hay matices y pinceladas que se tocan: el Padre Juan como tejedor de relaciones y de amistades, el personaje que motiva y que inspira, el que encuentra alegría incluso en las situaciones más difíciles, el que acompaña, el que silenciosamente hace un trabajo cultural enorme incluso remando a contracorriente, el que guarda y archiva porque cree en la historia y en la memoria, el que tiene un sentido del humor especial, el que cuestiona, el que anima a quienes quieren conocer otros mundos, el que aprende y luego desaprende, hacia el final de su vida.

    En la tercera parte sumamos tres entrevistas: unas recientes, hechas antes y durante el Sínodo Panamazónico y otra publicada hace un par de años en diario El Comercio, así como la carta escrita por él a los obispos sinodales, para completar este retrato.

    También hemos recogido breves y cariñosos mensajes, al final de la publicación, que han llegado a nuestros correos. Sabemos que faltan acá muchos nombres y gentes que compartieron su camino y, de antemano, les pedimos disculpas: hemos convocado, con cierta prisa, para llegar a tiempo a su homenaje. El padre Juan también decía que es mejor un libro con errores a uno que nunca se publique.

    “Sin esperanza, no hay alegría” resume algo del enorme legado que deja el Padre Juan Bottasso. Mantener la esperanza nos humaniza.

    Editorial Abya-Yala

     

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