In Noticias

SIN ESPERANZA NO HAY ALEGRÍA… TESTIMONIO DE PEPET ARNALOT

El p. Juan Bottasso ha sido un regalo de la vida para mucha gente. En el libro que la Universidad Politécnica Salesiana y Abya-Yala publicaron en su homenaje, hay una treintena de testimonios que dicen de su humanidad, de su generosidad, de su carácter. Queremos, en este espacio, seguir honrando su memoria y publicando, día a día, las distintas voces y testimonios con los que se los recuerda.

 

Juan, es una huella que nos dejas y no se puede borrar…

José Arnalot Isus – Chuint

Antropólogo

“Algo se muere en el alma cuando un amigo se va… cuando un amigo se va es una huella que deja, que no se

puede borrar…”

Es como un tendón al descubierto tanto es nuestro dolor, dolor que solo “el silencio del alma un día podrá silenciar”. Dolor que duele y sólo hablándose con todos mejorará.

Mi amistad con Juan ha sido fuerte tenaz y sobre todo decisiva frente a las decisiones cruciales que en mi vida he ido tomando. Hablaros de Juan es como emborracharme de los sonidos armoniosos de una sinfonía musical. Hablar de él es como escuchar cada uno de los registros de este complejo musical, este órgano de los mil matices, sintonías voces y colores.

Es impregnarme del optimismo que respiraban todos los poros de su piel. Hoy recorriendo con Cristina nuestros cuarenta años de matrimonio nos sentimos perplejos y atónitos al

  constatar cuánto Juan haya marcado nuestras vidas y los destinos de nosotros como pareja.

El primer Juan que conocí, ese, el que en 1972 me invitó a unirme con mis compañeros que iban al teologado de Quito, ese es el mismo que pocos meses después me apoyaba para ir a Wichimi junto al P. Yankuam, y siempre es Juan el que un día me sugirió que le deje mi diario de los años pasados en Wichimi que después fue publicado con el título Lo que los Achuar me han enseñado.

Es este el Juan decisivo y cercano, el amigo a flor de piel en mis dudas y angustias vocacionales, el que me animó a dejar el camino hacia el sacerdocio… el mismo que cinco años después bendecía mi matrimonio con Cristina.

Siempre él fue quien, en los primeros años de matrimonio, nos animó a comprar una determinada casa en Roma asegurando que sería una buena elección para nuestro futuro.

Tres años más tarde volvíamos al Ecuador como voluntarios y todavía una vez más en nuestra elección de ir a Cayambe nos encantaba esta idea por la presencia de Pío y Juan en esa zona.

Nuestra amistad regresados ya a Roma, prosiguió sólida y tenaz como siempre.

Ahora era él quien venía a nuestra casa, aquí en Roma. A lo largo de los sucesivos treinta años, a menudo

era huésped en nuestra casa, vio crecer nuestros hijos y nos ayudó en su formación, estuvo cerca en las dificultades… era uno más de casa… le hemos estado muy agradecidos.

No es fácil para nosotros haceros partícipes de la fuerza, la alegría y el placer de esta convivencia.

El Juan de nuestras vidas, y creemos conocerlo bien, ha sido siempre un hombre optimista y contento, auto irónico, de muchos amigos, sencillo y amistoso. Un alma re  bosando alegría, bonachón y, cuando era el caso, también jaranero. Hombre muy inteligente y perspicaz, intuitivo, siempre pronto en animar a las fiestas con sus cantos del OMG, sus coros alpinos y sus mariachis mejicanos.

Este hombre ha cultivado la amistad como principal valor de su vida, un refinado tejedor de encuentros y relaciones humanas, conocido y admirado en todas partes.

Juan decía que el valor y la fuerza de la amistad, con el pasar de los años, era el principal motivo del gusto y del placer del vivir.

Nos queda el recuerdo de un hombre juicioso, equilibrado y justo y también sin duda crítico con su Iglesia, Iglesia que amaba sin límites y no por eso, al contrario, justo por eso, la criticaba y se lamentaba por sus demasiados silencios y falta de coraje a lo largo de la historia.

Ha sido sobre todo Juan un hombre embebido de espíritu creador, innovador… emprendedor… un volcán en erupción de ideas y proyectos que aterraban rápidamente

a flor de tierra.

Ideas y proyectos prácticos, algunos de alto nivel, otros sencillos, pero siempre eficientes. Juan nunca quiso considerar sus creaciones algo personal reservado o una propiedad o derecho del cual apropiarse. Nunca buscó méritos.

Apenas detectaba quién pudiera continuar sus proyectos de forma responsable, los cedía, mientras ya nuevas iniciativas hervían en su mente. A tal propósito todos conocemos

quién dirige y asegura continuidad a sus creaciones, todos sabemos a quién ha dado confianza ilimitada con las ediciones Abya-Yala, el Centro Cultural, el archivo de las misiones,

la universidad, la organización del microcrédito, las guarderías para niños en Quito y tantos otros sueños y proyectos de su mente inquieta y creativa. En fin, un emprendedor, un forjador de nuevas ideas para un mundo mejor.

Añado a todo esto un toque, una pincelada de admiración por su naturalidad y humildad, pues todo era y acaecía como si nada sucediese. ¡Que grande ha sido Juanito!!!!

Juan un tejedor de relaciones indígenas, instituciones culturales, un hombre también a la altura de gobiernos, embajadas y altos cargos. Juan un ratoncito en la búsqueda

silenciosa en los más escondidos archivos del país, en las bibliotecas y conventos de las antiguas órdenes religiosas.

Un hombre interesado a todo lo que podía referirse al mundo indígena desde la época colonial a nuestros días. Allí está el significado profundo del término Abya-Yala. Hemos conocido sobre todo en Juan, la figura de un hombre de profundo espesor religioso y espiritual. Juan es el tutor, asesor, consulente y sobre todo animador, en la formación de muchos grupos jóvenes, Juan es párroco y pastor en la universidad, lo encontramos en el centro de espiritualidad El Horeb. Da conferencias, invita a la reflexión, en lugares como San Patricio, Cumbayá, Spellman, el Girón. Son estos algunos de los lugares que él frecuenta sembrando bien y esperanza. Nos lo encontramos asesorando antiguos alumnos, voluntarios, así como cercano a personajes políticos, a personas de alto nivel en la Quito que cuenta, al mismo tiempo que está cercano a marginados y gente pobre (crea y sostiene económicamente las guarderías para niños pobres, ayuda con el microcrédito los pequeños proyectos de personas sencillas…).

Es siempre el mismo hombre polifacético, el sacerdote salesiano por excelencia… el que apoya obras sociales de punta y el que escribe pequeñas publicaciones pastorales y reflexiones sobre la actualidad, el hombre que contemporáneamente escribe biografías sobre la vida de los grandes misioneros del vicariato. Es él, siempre, el ratón entre documentos y viejos armarios en nuestras misiones del Vicariato es él, quien escribe sobre el heroísmo y la vida difícil de los viejos misioneros.

Es Juan el granero de nuestro pasado. Este tejedor de encuentros de amistad, la linfa de su vida como sabía decir él mismo, nos lo encontramos también aquí en Italia y es entre nosotros mismos donde descubrimos en la tela de nuestra unión, las huellas de su presencia… de nuestro destino de pareja entrelazado a los de su vida.

Nosotros lo conocimos en tiempos y lugares distintos, cuando todavía nuestros caminos como pareja eran lejanos y así descubrimos simplemente de tener un amigo en común.

Es Juan un puente de relación entre tantos amigos de los dos continentes. Todos los años durante su permanencia aquí en Italia miraba de reenlazar contactos con todos, reencontrar viejas amistades, programar nuevos encuentros.

Todos los años sentía una gran satisfacción en encontrarse de nuevo con los viejos voluntarios regresados del Ecuador.

Se llevaba en el alma el viejo grupo del Operación Mato Grosso, volvía a nuestra casa de estos encuentros reconfortado satisfecho y contento. Decía a menudo: “nuestro

pasado en común nos da fuerzas para este presente y nos proyecta a continuar unidos en el futuro”, decía también “nuestra sociedad mejorará si creemos firmemente en las nuevas generaciones, si depositamos confianza en los jóvenes”. Despuntan en él siempre los valores del soñador de grandes sueños, las notas genuinas del carisma como sacerdote y salesiano siempre joven.

El funeral ha sido una ulterior imagen plástica del emotivo saludo de despedida de las miles de personas unidas alrededor de este amigo.

 El canto Paese mio es la expresión de nuestra amistad con él. Estos cantos Paese mio y América son las dos orillas del mar que nos unen… de ese mar que ahora tú ya has cruzado hacia el infinito, de ese mar que también nosotros, yendo de nuevo a tu encuentro un día cruzaremos. Tú siempre has dicho “Los viejos misioneros no mueren… se van”. Yo creo ciertamente que hoy tú ni siquiera te vas… para nosotros Juan, te has quedado aquí, estás entre nosotros…

Roma, enero de 202