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PADRE JUAN, ¡GRACIAS POR TANTO!

Como si quisiera que estemos brindando de alegría el momento de su partida, al Padre Juan Bottasso Boetti, fundador de Abya Yala, se le ocurrió morirse en Noche Buena. Así era él y así hemos de recordarlo: con esa alegría, esa sonrisa, ese sentido del humor tan particular, esa inteligencia.

“Entre el miedo y la confianza”, así tituló el librito que nos tocó en la canastilla navideña este año, 2019. Cada año hacía uno, en el que reunía reflexiones sobre distintos temas: el calentamiento global, el consumismo, las crisis del ser humano, la familia, la minería, la amazonía, las culturas, la corrupción, las contradicciones entre la modernización, el desarrollo y la conservación. Y nosotros, en Abya Yala, recibíamos con regocijo el regalo, porque en el librito estaba su palabra, sus consejos, su alegría. Para cada uno de nosotros el P. Juan, el P. Juanito, siempre tenía una sonrisa que dar, una palabra cariñosa, el entusiasmo de vivir y de vivir plenamente.

De su último viaje, primero a Roma, al Sínodo, donde contó de sus experiencias misioneras, de los shuar y de la amazonía, fue a la India. Y llegó feliz. Pasó a las oficinas de Abya Yala a mostrarnos fotos —como turista junto al Taj Mahal o como visitante en la choza de una familia— y a contarnos cuentos de monjes budistas, de campesinos y de elefantes. Llegó con regalitos y con las oraciones que colocan las tribus de la India, para que el viento las rece. Y sobre todo a decirnos que había desaprehendido… que ya no sabía nada de todo lo que creía saber sobre inculturación o interculturalidad. Que había estado en otro mundo. Y que se había nutrido de él. Estaba contento por eso y lo repetía con humildad y a la vez, con esa sabiduría: “Y yo, que creía saber… ahora, a mis 83 años, he tenido que desaprender todo”.

El P. Juan está entre esas gentes imprescindibles, porque siembran y porque lo hacen bien. Hace 42 años sembró la semilla de Abya Yala y hoy, su Abya Yala tiene más de tres mil títulos en su catálogo. Empezó con las colecciones de Mundo Shuar y Mundo Andino, en los años setenta, y hoy Abya Yala es un referente en el mundo académico y en el de las ciencias sociales y sobre todo, en el de la antropología.

El P. Juan ha sido de esos seres excepcionales, de esas raras avis, dedicado por entero a estudiar la condición humana y a tratar de entender a los pueblos, a las minorías, y respetarlas profundamente. Como otros pocos, raros como él, encontró la semilla del verbo en otras culturas así que se planteó no imponer nada, sino conocer, acercarse a sus procesos, a sus lenguas, a sus mitos de origen.

“Cuando se pierde una cultura se pierde un patrimonio”, decía siempre. Y por eso quería recoger en Abya Yala lo que más se podía sobre las culturas. Ha sido un adelantado: antes de que ninguna editorial ecuatoriana esté en Internet, Abya Yala ya estuvo, en los años noventa, cuando eso aún era un misterio. Se empeñó en que Abya Yala fuera no solo un sello editorial, sino un sitio de encuentro: un museo, un centro de investigaciones, un lugar de consulta, una Escuela de Antropología Aplicada… su proyecto era grande como sus sueños y decía que para perseguir algunos sueños, sobre todo aquellos que tienen que ver con la gestión cultural, era mejor pedir perdón a pedir permiso. Se empeñó en la digitalización de documentos y prolijamente rescató de lo que podía ser el olvido. Se empeñó en recuperar archivos misioneros, entre ellos, los 100 cuadernos que forman parte del diario de Yankuam, Luis Bolla, a quien admiró tanto. La obra le salió enorme: 14 volúmenes que, de no ser por el Padre Juan, se hubiesen perdido. Reunió en un catálogo todo lo que los salesianos habían escrito sobre pueblos indígenas. Y, como incansable hormiga arriera, trabajaba día tras día, en recuperar documentos, videos, grabaciones, para el archivo salesiano y para Abya Yala.

Debimos hacerle un homenaje en vida. Todos los días nos decíamos lo mismo. Cuando el pasaba por nuestras oficinas a saludar, a diagramar alguno de sus libros, a pedir ayuda para escanear algunas imágenes, o a hablar de la política y de la realidad nacional, nos decíamos lo mismo. No lo hicimos. Se lo debemos.

Para el Padre Juan solo hay gratitud y ahora, esperanza de que sea una llama encendida para la investigación, para la profundización de temas sobre interculturalidad, sobre iglesia, sobre pueblos indígenas, sobre cultura y patrimonio. El Padre Juan fue un gran regalo para nuestras vidas.


Comprometido desde 1964 en la formación del movimiento indígena amazónico de la nacionalidad shuar, el Padre Juan Bottasso ha sido una presencia misionera respetuosa con las culturas y solidaria con las reivindicaciones indígenas por el territorio, la lengua y la educación intercultural. En 1975 creó la editorial “Mundo Shuar”, semilla de lo que hoy el Centro Cultural Abya-Yala, Editorial-Abya Yala, Biblioteca y Museo Abya-Yala. Su trabajo propició la conformación del corpus más numeroso de obras sobre pueblos indígenas y afroecuatorianos de América Latina.

Para impulsar la formación profesional de hombres y mujeres insertos en pueblos y comunidades indígenas, el P. Bottasso creó en el año 1987 la Carrera de Antropología Aplicada y apoyó la creación de la Carrera de Gestión para el Desarrollo Local y Sostenible en la UPS.

Entre sus obras destacan: Los Salesianos y los Shuar. Entre la hostilidad y el diálogo (1980); Bibliografía general de la Nación Jívara (1983), Los Salesianos y la Amazonía (1993). Fue Vicerrector de la Sede Quito entre 1995 y 1999. En el 2003 fue incorporado a la Academia Nacional de Historia del Ecuador.