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P. SIRO PELLIZZARO: UNA VIDA DEDICADA AL MUNDO SHUAR

Esta semana de mayo empieza con la noticia de la muerte del misionero e investigador salesiano, P. Siro Pellizzaro (San Doná di Piave, Italia, 1933-Cuenca, Ecuador, 2019). Al P. Siro Pellizzaro le debemos los mitos shuar, el diccionario Chicham y el más reciente libro publicado por este sello editorial: Nampet,  en el que se incluyen 1.573 transcripciones de textos de námpet que junto con otros géneros cantados, cómo los ánent, la ujaj, los cantos de los uwishin, formaban parte del universo poético- programático shuar tradicional. Pellizzaro los ha reunido en este volumen, para rescatarlos del olvido. El legado del P. Siro Pellizzaro es enorme y sus contribuciones fundamentales para la antropología, la historia, las lenguas indígenas. En su homenaje, reproducimos  y compartimos con nuestros autores y lectores, un perfil suyo escrito por el antropólogo Maurizio Gnerre, que aparece en la edición de Nampet. Gnerre estuvo trabajando con el p. Siro en varios trabajos. La obra del p. Siro es enorme y es enorme su legado. Les Invitamos a ver esta entrevista.

 

Maurizio Gnerre

“Esta obra del padre Siro (Nampet) es el resultado de más de veinte años (de 1955 al 1976) de paciente e incansable trabajo de grabación, transcripción y interpretación, es, entonces, de inestimable valor. Me parece imprescindible presentar, en un bosquejo más que esencial, la enorme obra de este misonero-investigador, que llegó entre los shuar en 1953, con veinte años de edad. El joven misionero Pellizzaro empezó desde su primer año entre los shuar, en Yaupi, a estudiar la lengua indígena, primer paso para poder acercarse y acceder al complejo acervo de narraciones “mitológicas” que, como ya dije, incluían en si, como era necesario, las representaciones shuar del mundo.

Este conjunto de narraciones llegó a ser reconocido como “mitología”, aplicando una categoría cognoscitiva de los estudios clásicos, no muy apropiado en este caso. La sensibilidad del p. Siro lo llevó, junto con otro coetáneo, Lino Rampon, a fundar, en Bogotá, en 1960, el “Centro Misional de Investigaciones Científicas” que, después de un Mapa antropogeográfico de los asentamientos shuar del tiempo, esparcidos en territorios inmensos (mucho antes de la formación de los primeros “centros”) (1961), publicó, ya en el mismo año, una primera obra de los dos fundadores sobre Mitos-Leyendas-Histórias de la Nación Shuar. Las ideas y los planteamientos que años después hubieran sido formulados en el Decreto “Ad Gentes “ de 1965, ya estaban presentes, por lo menos in nuce, desde 1959, hasta antes la fundación del “Centro Misional de Investigaciones Científicas”. En una carta de 1980, dirigida a otro importante misionero, el padre. Silvio Broseghini (1949-2006), el padre Siro escribía: “En 1959, dialogando con [Lino] Rampón, habíamos empezado a comprender que la mitología era algo más que historietas y que encerraba muchos aspectos culturales (…) [así] hubo un esfuerzo de valorización del idioma shuar en la liturgia, escribiendo cantos en idioma shuar y músicas que asemejaran a sus melodías.” [N.1]. Pero otros misioneros quedaron en algo escépticos y desconfiados. El “Centro Misional de Investigaciones” tuvo vida corta, debido a incomprensiones con los superiores salesianos y a la consecuente salida de Rampon.

Para mencionar sólo la obra de Pellizzaro enfocada sobre la lengua y cultura de los shuar, empezaríamos de un librito sobre Leyendas Jibaras publicado en Cuenca en 1968 [N.2]. En el año siguiente, 1969, el P. Siro podía publicar sus Apuntes de Gramática Shuar que ya tenía listos desde hacía algún tiempo. En 1973 publicó una síntesis de algunos aspectos de la cultura material y de la estructura social de los Shuar (Técnicas y Estructuras familiares de los Shuar) que ya representan, en sí una especie de recopilación de técnicas y de formas de relaciones sociales que ya entonces estaban desvaneciendo, por lo menos en parte.

En una breve autobiografía de 1975, El P. Siro  escribía: “Por fin descubrí que esos hijos de las tinieblas, eran verdaderos hijos de Dios, con una historia sagrada no inferior a la bíblica, con plegarias [los ánent] para todas las circunstancias….Era necesario, por lo tanto, un cambio total en el método misionero. El Concilio Vaticano II nos trazaba la ruta con el revolucionario Decreto “Ad Gentes”. Dios había preparado a través de los siglos al pueblo shuar, como al hebreo, para la venida de Cristo (…) [que] no venía para a destruir sus tradiciones, sino a confirmarlas y perfeccionarlas (…) En este ambiente empecé la pre-evangelización, reuniendo cristianos y no-cristianos y explicando que de muchas maneras habían hablado de Dios sus antepasados en los mitos. Y que siempre los había ayudado aunque lo invocaban con distintos nombres en sus anent.” (Pellizzaro 1976: 32-34). Daba, entonces, una tensión interpretativa de los mitos y de los ánent, que corría paralela a la “reducción” de la oralidad a la escritura y a la presión de la traducción al español, de hechos dos tipos de tensiones: una diamésica (oral – escrito) y otras histórica y cultural (los desafios semánticos y pragmáticos que enfrentaban las dos tradiciones comunicativas) [N.3].

Sus primeras publicaciones de colecciones de námpet y de ánent son de hace cuarenta años (1977). Recopilaciones más recientes, realizadas por estudiantes de lo que fué el Instituto Superior Bicultural Shuar de Bomboiza (Gualaquiza) entre 1970 y 1990 aproximadamente) se encuentran en el archivo de la misma institución. Sobresalta el casi general desinterés de los antropólogos que actuaron y llevaron a cabo investigaciones entre los shuar y achuar, con la sola excepción de un artículo de Taylor y Chau (1983).

La colección que aqui se presenta es sólo una muestra de la producción del Autor, y es parte integrante de su empeño de misionero que abrazò ya hace muchos años la doctrina de la “inculturación”, contenida en el documento Ad Gentes (1965) del Concilio Ecuménico Vaticano Segundo. De hecho, desde cuándo empezó la presencia salesiana entre los shuar (desde 1888) talvez sólo el joven misionero Michele Allioni (1880-1912) había entendido la importancia de la comprensión del mundo, tan complejo y difícil, de las representaciones indígenas. La absoluta mayoría de los otros misioneros, si en algo se acercaba a aquel mundo, lo hacía solamente de manera instrumental, para intentar actuar de la forma que juzgaban más eficaz para “extirpar” sus “creencias” y poder avanzar así en sus propósitos evangelizadores. Desde su llegada entre los shuar el padre Siro tuvo la inquietud de enterarse cada vez más en la lengua y cultura del pueblo al que había sido enviado. Esta inquietud encontró mucha resistencia e indiferencia, a no ser abierta oposición, por parte de muchos otros misioneros y de la jerarquías católicas (Colajanni, 2008 [2004]). Pero, a la luz del mensaje contenido en aquel documento de 1965, el p. Siro siguió adelante en su tarea de comprender la cultura shuar, hasta entonces, bastante despreciada y rotundamente mal entendida por la absoluta mayoría de los misioneros.

El recurso que el padre Siro escogió fue el de la documentación, estudio e interpretación del enorme acervo de narraciones “mitológicas” de los shuar, buscando,  en innumerables secuencias narrativas, los paralelos o convergencia con el mensaje evangélico. De este eje principal brotaron otros temas lingüístico-culturales que fueron aclarados en muchos escritos sobre la interpretación de la cultura shuar, en el diccionario shuar-español (Chicham, de 2005) y español-shuar (en realización), y en esta colección de nampet.

A través de sus largos recorridos en todo el territorio shuar, el padre Siro grababa lo que andaba buscando y también lo que sus huéspedes le ofrecían. Este acervo cultural aparecía en formas distintas, habladas y cantadas. Con frecuencia, las mujeres se mostraban más disponibles que los varones a colaborar a sus investigación, ofreciéndole sus cantos. Además, siendo el p. Siro un misionero bien conocido entre los grupos que visitaba, es posible que muchos námpet con temas y referentes juzgados quizás no apropriado para la figura de máximo respeto hacia el misionero, hayan quedado “guardados” en la memoria de los cantores y cantoras. En este sentido la colección no es, ni de ninguna forma podría ser, libre de la “paradoja del observador”.

A través de este recurso difícil y, en general, no muy apreciado por las jerarquías eclesiásticas salesianas, que no tenían por nada clara la razón de esta actitud de investigación, el p. Siro, vino definiendo, para él y para algunos otros misioneros que compartían su perspectiva “inculturada” de la evangelización, una visión muy rica y desafiante del mundo cultural shuar.

El padre Juan Bottasso apoyó mucho el trabajo del padre Siro, empezando la publicación de las series de “Mundo Shuar”, con la finalidad de construir un espacio de documentación y reflexión libre de las distintas presiones ejercidas por las jerarquías del Vicariato Apostólico de Méndez y las autoridades de la Federación Shuar. Esta colección formó, a través de los años, las bases de lo que hoy es Editorial Abya-Yala. Desde 1976, en la colección “Mundo Shuar”, empezaron a aparecer publicados los aportes del p. Siro. Apareció así, en el mismo 1976, Arútam. Mitos de los espíritus y ritos para propiciarlos. La identificación creciente de la referencia denominada Arútam (‘hecho viejo”, ‘envejecido’) por los shuar, que se manifiesta a través de múltiples hipóstasis, es bastante presente desde hace algunas décadas en las representaciones shuar de sus relaciones con el mundo “invisible/visible”. Esta referencia llegó a ser muy importante para el trabajo evangelizador “inculturaldo” del p. Siro. Su interés para los cantos y su valor expresivo se manifestó desde el año siguiente (1977) con la publicación de Cantos de amor de la mujer achuar, grabados y transcritos a lo largo de sus primeras entradas a los achuar, después que otro famoso misionero, primero el p. Luís Casiraghi habia entrado entre ellos, y después el P. Luís Bolla (Yánkuam) (1932-2013) ya había establecido su presencia en el cacerío achuar de Wichim’. La serie de libros de “mitología” continuó en el mismo año (1977) con Etsa. Defensor del pueblo Shuar. Siguieron otros libros, dedicados cada uno a una entidad central en la representación shuar del mundo y a celebraciones o rituales asociados a algunas de estas entidades. Salieron así Shakaim’ (1978) para continuar, en el mismo año, con El Uwíshin. Iniciación, ritos y cantos de los chamanes; Núnkui. Mitos y ritos de la huerta; Shakaim. Mitos y ritos del desmonte. La serie continuaba en 1980 con: Tsunki. Mitos y ritos de la pesca; Ayumpúm. Mitos de la cabeza cortada; Étsa e Íwia. La lucha eterna; Iwianch. El mundo de los muertos mientras la mayoria de los libros recogia las narraciones llamadas “mitológicas” específicas para el referente indicado en el título, otros dejaban mucho espácio a los rituales que se realizaban en distintas circunstancias, de mayor o menor importancia. Dos libros de este grupo son: Uwí. Celebración de la Vida y de la Fecundidad, (Guayaquil 1978) y Wee. Mitos de la sal y ritos para obtenerla (1980). En la primera de las dos publicaciones estaban incluidos todos los cantos ánent del ritual de Uwí, completos de transcripción musical, obra del misionero Alfredo Germani (Aíj’ Juank).

Como resulta evidente por lo que se dijo hasta aqui, el P. Siro dedicó su trabajo tanto a la narración hablada como e la enunciación cantada. Y no podía ser diferente, ya que en la comunicación Shuar las dos macro-modalidades, la hablada y la cantada, tenían funciones importantes y complementarias. Por ejemplo, hay narraciones, como la más fundamental de Núnkui, que requieren un canto, como parte central de la enunciación.

Desde 1953 el P. Siro sigue adelante en su trabajo, actuando en la Provincia di Morona-Santiago (donde vive la mayoría de los Shuar). Al momento (diciembre de 2017), además de la revisión cada vez más ambiciosa del diccionario Español-Shuar a la que colaboro, el P. Siro está completando la traducción al Shuar de la Biblia de Jerusalém”.