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EXTRACTIVISMO Y NEOCOLONIALISMO EN ESMERALDAS EN UN BLUES DE JUAN MONTAÑO

Hace unos días tuvimos casa llena en la presentación del libro Extractivismo, (neo) colonialismo y crimen organizado en Esmeraldas, de Aguasantas Macías y Michael Lapierre. Un libro que debe leerse pues pone en evidencia las consecuencias del modelo en Esmeraldas. Un modelo tildado por Natalia Bonilla, una de las asistentes al conversatorio organizado por Abya-Yala y el Instituto de Estudios Ecologistas del Tercer Mundo, IEETM, como “criminal y organizado”: minería, palma africana, madera, que han llevado a la población a niveles de pobreza que indignan y al abandono del Estado frente a las consecuencias del quehacer extractivo: trabajo en situaciones de esclavitud, pérdida de los bosques y de los manglares, prostitución, alcoholismo y violencia. Una radiografía de una parte del país que nos indicaría que el camino del desarrollo debe ir en sentido contrario. Agradecemos a Juan Montaño por la presentación, que, aunque no fue leída el día del foro, fue publicada hace unos días en Rebelión. Reproducimos a continuación el texto e invitamos a nuestros lectores a leerlo y a leer el libro, que está a disposición en el siguiente enlace:  https://abyayala.org/Abyayala2018/producto/8948/

Un larguísimo “blues budeao” resumido en un libro

Juan Montaño

Este libro es un larguísimo blues. Un blues bundeao. O un blues fusionado con alabao. O cualquier ritmo afropacífico que considere desmadre y tragedia con repunte de cimarronismo. Toda bandera territorial es un símbolo de lo probable, los colores son de la Casa (el territorio que habitas con tus mitologías y ciencias) en el sentido ancestral de la denominación: una casa es la morada también de aquellos que van de paso. El juego de sentidos: Casa adentro o Casa afuera tiene el valor de la comunidad en reflexión y la comunidad en comunicación. Este libro, para este jazzman es eso, una conversación Casa adentro y en el mismo momento Casa afuera. Está titulado Extractivismo, (neo) colonialismo y crimen organizado, sus autores Michel Lapierre Robles y Aguasantas Macías Martín. Él y ella escribieron un libro con exacta largura, 359 páginas y como deben ser los libros de estos días: cool. En lo académico y para la latitud lectora no siempre bien informada, pero con ganas y talante. También para el activismo social, como nunca (¡valga el absolutismo!) necesita de estos aportes. “Sin teoría revolucionaria no hay revolución”, se dijo y aún es razón clave, aunque no todo equivalga a aquello que se entiende por tal. Un libro que responde al título y produce el ennoblecedor desafío de querer militancia en el cimarronismo del siglo XXI. Igual que nuestro mayor: Juan García Salazar.

Un libro que no espera plazos de lectura, corresponde a las urgencias. Esas sagradas urgencias que demanda luchar por la Vida, por toda vida beneficiosa y si se quiere por cualquier vida. La idea y propuesta son de John Antón Sánchez, profesor del IAEN (1), autor de la nota introductoria: “El libro aspira a promover un diálogo y articulación entre los distintos procesos e investigaciones realizadas en las últimas décadas, con el fin de arrojar luz sobre lo que ocurre no solo en la frontera norte de Esmeraldas, sino también en procesos similares del Sur global” (2). Y si ya se sabía o se sospechaba, entonces, se vuelve a ‘descubrir’ que el país, al cual debes el gentilicio, es una suma de partes en conflicto con muchas desigualdades, sin importar el discurso político de los gobernantes, que parecen jamás serán derrotadas. Rápido ejercicio de comparación: la fábula eterna del tío tigre y el tío conejo de la narrativa afropacífica colombo-ecuatoriana. Pero ya aquí, “a pleno sol que cae sobre el verde violento” (3) es aquí, exactamente aquí, en esta aritmética política de la desigualdad. Una región binacional. Pero el libro es sobre el territorio provincial del cual provienes y habitas, estudiado como el componente más doloroso de este torbellino sin fin de injusticias del Ecuador.

No busquen en el libro un relato desapasionado, como sugiere el purismo de la investigación académica, para nada, el toque blusero con resonancias de bunde o alabao perseguirá a quien lea el libro hasta la última página después de eso será su elección. Una: dedicarse a comentar las maldades del capitalismo, ejercicio bastante inútil. Dos: elegir ser bueno unos días, muy buenos algunos años o imprescindible en la línea del maestro Juan García y de miles de mujeres y hombres como él. La provincia de Esmeraldas parece destinada, por no sé qué providencia, a ser históricamente saqueada en nombre del progreso de la República del Ecuador (4). Es mi lectura de las páginas de Michel Lapierre y Aguasantas Macías. Respondo por ellas. Ambos autores cumplen con describir el itinerario por historia y consecuencias del extractivismo feroz y desalmado en el territorio de las Esmeraldas, al igual que la defensa biopolítica de las comunidades negras e indígenas (Nacionalidades Chachi, Awás y Épera).

No se trata de casualidades de la Historia o una equivocación del destino que pudiera explicarse como superstición política con repasos sociológicos y económicos, los autores de Extractivismo, (neo) colonialismo y crimen organizado… cumplen con “El objetivo (de) poder entender sus construcciones y las estrategias atravesadas por todo el fenómeno de la colonialidad del poder, la colonización de la naturaleza y las resistencias; entre la conquista y la época republicana hasta década del ’60 en el siglo XX” (5). Ese es el axêpreciso del libro.

Esas dos visiones chocan con pausas, a veces breves o prolongadas, en la provincia de Esmeraldas, con el pueblo negro y las comunidades indígenas. Biopolítica de las comunidades enfrentada a la necropolítica de los capitalistas. Insisto es mi lectura del libro. Ellos precisan las pérdidas por desposesión y las resistencias a ese múltiple arranche, las estrategias perversas y las respuestas cimarronas. Empezó por el racismo o sea la disminución histórica de derechos fundamentados en el procesamiento ideológico de la humanidad de la diáspora africana con todo lo que eran y podrían ser. Continuó y continúa con el saqueo legalizado (o extractivismo), también ideologizado hasta crear malvadas teorías económicas con nombres de apariencia inocua: neoliberalismo. Durante más 500 años se estructuraron unas artes y ciencias del despojo de la provincia de Esmeraldas, que parecería que se consumirán las vidas que hagan falta y no habría reversión. O revolución. Lectura de los capítulos I y II.

No escribo sobre la personalidad política de Michel Lapierre y Aguasantas Macías, no sé si este jazzman ya está con esa gente de zona que prefiere las acciones con pasiones y no tanto las etiquetas, pero el retrato político de su obra investigada nos deja listo para que cualquier momento estalle la conciencia social esmeraldeña, por cualquier lado. O por sus comunidades afroindígenas que muy bien deberían hermanarse para defenderse del despojo o sea de la necropolítica como lo detalla Achile Mbembe: “El hecho de que las colonias puedan ser gobernadas en ausencia absoluta de ley procede de la negación racista de todo punto común entre el conquistador y el indígena (dueño legítimo del territorio, JME). A ojos del conquistador (los extractivistas de cualquier pelaje, JME), la vida salvaje no es más que otra forma de vida animal, una experiencia horripilante, algo radicalmente «otro» (alien), más allá de la imaginación o de la comprensión” (6). Estas líneas unen el capítulo II con III. Como dicen ellos las “estrategias de la colonialidad del poder y la colonización de la naturaleza” con fines de no existencia del Pueblo Negro y las Comunidades Indígenas, en ese otro territorio imaginario de la ‘garantista de derechos’ Constitución de la República del Ecuador.

Nuestra conclusión del capítulo III y uniéndome a aquello que resumen en la página 334 Michel Lapierre y Aguasantas Macías: “La acumulación de capital ha sido pagada por las comunidades (esmeraldeñas, JME) desde la colonia […] Esto implica generar un Estado de derecho, en donde aquellos que se han enriquecido ilícitamente y a costa de las riquezas y las vidas de las comunidades paguen sus responsabilidades…” O mejor dicho sus terribles culpas. El barbudo de Tréveris comentaría por su parte: “El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, político y espiritual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia” (7). Bien podría estar renaciendo esa conciencia cimarrona en la provincia de Esmeraldas. Este libro fertiliza ese renacer. Amén.

Notas:

(1) Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN) del Ecuador.

(2)  Extractivismo, (neo) colonialismo y crimen organizado en el norte de Esmeraldas, Michel Lapierre Robles y Aguasantas Macías Martín, Ediciones Abya Yala, Quito, 2018, p. 36.

(3) Verso del Poeta Antonio Preciado, tomado del libro De sol a sol, Editorial Antares, poema titulado: Poema solidariamente derribado, p. 249.

(4) Es una perífrasis de la carta de Simón Bolívar al coronel Patricio Campbell, escrita en Guayaquil el 5 de agosto de 1829: “¿Cuánto no se opondrían todos los nuevos estados americanos, y los Estados Unidos que parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la Libertad? Me parece que ya veo una conjuración general contra esta pobre Colombia, ya demasiado envidiada de cuantas repúblicas tiene la América”.

(5) Óp. Cit., p. 41.

(6) Necropolítica, Achille Mbembe, Editorial Melusina, S. L., 2011, pp. 39-40.

(7) Contribución a la economía política, Karl Marx, Editorial Progreso, 1989, pp. 7-8.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

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