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MIGUEL TANKAMASH, EL LIDER QUE HONRÓ AL PUEBLO SHUAR, RECIBIÓ UN MERECIDO HOMENAJE PÓSTUMO EN LA ASAMBLEA NACIONAL

Por Juan Bottasso

 

El 20 de diciembre la Asamblea Nacional rindió un homenaje póstumo al líder shuar Miguel Tankamash. Se trató de un reconocimiento debido, por tratarse de un personaje relevante que honró al país.

A Miguel lo conocí hace 55 años: entonces lo llamábamos familiarmente Minki. Tuve la suerte, recién llegado a Sucúa, de estar presente cuando, en enero de 1964, juntamente con el padre Juan Shutka, él dio inicio a la Federación Shuar.

Aquel fue un acontecimiento de importancia histórica, porque marcó el inicio de una nueva visión del indígena. Para valorar el hecho en su exacta dimensión es indispensable hacer un poco de memoria histórica.

El imperio ibérico había sido muy duro con los conquistados como lo fueron todos los imperios que conocemos pero, a diferencia de los demás, había generado en su mismo interior, fuertes voces disidentes, que criticaban tanto los derechos como los métodos de la conquista.

Basta pensar en Bartolomé de las Casas y Francisco de Vitoria. Los tres grandes tomos del “Código de las Indias” constituyen un compendio de las leyes destinadas a defender a los conquistados. Pero, a pesar de todo esto, la política oficial no estuvo exenta de una grave deficiencia: la de “inferiorizar” al indígena, no considerándolo nunca como una persona mayor de edad, capaz de ejercer cargos y tomar decisiones responsables.

Los estados republicanos, herederos del imperio, delegaron a las diferentes Órdenes religiosas la tarea  de integrar  a los habitantes del área amazónica a las diferentes nacionalidades a través de los Vicariatos Apostólicos. Hubo un gran despliegue de entrega y generosidad, pero con las limitaciones de las épocas interiores: el paternalismo. Se hablaba de “nuestros indios”, de los “pobrecitos”. Calificar así a los miembros de un pueblo es condenarlos  a una permanente marginación histórica.

La Federación de Centros Shuar marcó el inicio de un cambio de paradigma. Ya no se trataba de trabajar con una actitud asistencialista sino de estimular y acompañar a un pueblo para que se organizara políticamente, y tomara en sus manos su propio proyecto histórico, su destino, como una entidad estructurada, capaz de dialogar con el Gobierno Nacional y exigir un espacio dentro del conjunto del país.

Es así como la Federación llegó a constituirse en un modelo para muchas otras organizaciones indígenas, tanto en el país como en el continente, convirtiéndose en una locomotora que arrastró a las demás.

En todo esto Miguel Tankamash desempeñó un papel decisivo y perseveró hasta el último de sus días en su compromiso de líder prudente, perseverante, capaz de una  visión amplia de las situaciones.

Al reconocer sus méritos el país cumple con el deber de honrar a uno de sus hijos mejores.