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OTAVALO: HISTORIAS DEL VALLE AMANECIDO

Un holandés deslumbrado por Otavalo

Jeroen Windmeijer no es turista. Es un estudioso. Se había graduado en sociología de las sociedades no occidentales en la Universidad de Leiden. En sus andanzas, un día, mientras caminaba por las calles de Amsterdam, le llamó la atención la presencia de indígenas sudamericanos que tocaban música o vendían sus artesanías en las estaciones de trenes, en los parques, en las calles. Se preguntó acerca de ese grupo de migrantes, llegados a Europa principalmente en los años ochenta. Se acercó a ellos con la curiosidad del etnógrafo y su interés le llevó a indagar sobre esta migración. Encontró a indígenas provenientes de Otavalo en Rusia, Asia, Australia, Nueva Zelanda… de acuerdo a una estimación de 1992 encontró que en Europa estaban viviendo aproximadamente 5000 otavalos y que a Amsterdam se le empezaba a conocer como “pequeña Otavalo”.

El investigador holandés decidió indagar sobre el tema. Encontró bibliografía que hablaba de los “indígenas ejemplares”. En 1949, Collien y Buitrón hablaban de Otavalo en “El valle del amanecer”. Otavalo estaba descrito como “un pedacito de cielo incrustado en los Andes”, al pie del Imbabura. Otro autor, Weinstock, describía, en 1970, la aristocracia de los indígenas ecuatorianos. Windmeijer sostiene que algunos grupos importantes en el Ecuador tenían interés –y aún lo tienen- en crear, mantener y extender la imagen positiva de los otavalos. Por eso el investigador decide trabajar a fondo el tema y recuperar datos históricos para demostrar su teoría. Trabaja en los años 1996, 1997 y 1999 en campo. Y descubre un mundo que le atrapa. Como separar la paja del trigo, Windmeijer separa la imagen difundida desde el folclor y para el turismo para hacer un retrato del otavaleño que incluye no solo el éxito económico y la capacidad de hacer negocios, la obtención de créditos y financiamientos que ayudaron a que este grupo sea un grupo emprendedor como pocos. Encontró también el racismo existente en una sociedad multicultural como la ecuatoriana.

El valle amanecido, su libro, escrito primero en holandés, circula ahora, traducido al español (la traducción es de Angel Juan Lillo Martin). El libro hace un recuento histórico de Otavalo, pasa revista por la auto imagen del otavaleño, el turismo, el mercado, la economía indígena, las exportaciones y los viajes. En la tercera parte analiza el espacio público, las fricciones, la religiosidad y las nuevas iglesias y la política. Un libro que inició con la idea de buscar en la teoría de las etnicidades y que lo llevó al encuentro de una realidad mucho más compleja que el lector descubrirá en su recorrido por el valle amanecido.

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