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LA AUTOBIOGRAFIA DE UN NAPORUNA

p1040363Le invitamos, estimado lector, a entrar en la casa de un naporuna, beber un tazón de chicha y escuchar la conversación familiar, los recuerdos, los relatos fantásticos del mundo de los espíritus que habitan en la selva. Leer estas páginas que Santiago Santi nos brinda es trasladarnos junto al río Napo, y escuchar a Filuku cantarle a la luna, a Killa, mientras nos cuenta de su vida, de su comunidad, de su familia, de sus sueños.

Una autobiografía es casi una confesión. Es el compartir con los invitados a la mesa, las historias y los recuerdos: la alegría de la boda, los cuentos de su padre o el dolor de la enfermedad, los triunfos y las derrotas, los pensamientos y la nostalgia de esa selva que ha ido cambiando y de la que el autor es testigo. Santiago Santi, con un gesto de generosidad absoluta, nos invita a conocer su mundo y el mundo de los espíritus y nos guía hacia las profundidades del pensamiento amazónico.

Santiago Santi nos ha entregado su manuscrito, en páginas que no tienen desperdicio. Su letra pequeña y uniforme cubriendo de un extremo a otro de cada hoja, con un “gracias” (pakrachu) al final de cada relato. El manuscrito dice de la paciencia runa, de ese tiempo que regala la selva, ahí, donde no hay prisa, donde la vida se dibuja desde los sueños contados en la primerísima hora de la mañana, al primer sorbo caliente de la guayusa. Los sueños son los que le avisan al hombre si es buen día para ir de cacería, si vendrá una enfermedad o si enfrentará algún peligro. Santiago Santi nos cuenta los suyos.

Sus relatos son cuidados como el hilo de chambira con el que se teje una hamaca. Cada relato es una hebra que se entrelaza con la siguiente hasta construir con ese tejido la historia de un hombre, de una familia, de una comunidad que lleva de nombre El Edén.
Santi vive en El Edén, un paraíso junto al río Napo que se ha visto afectado por la irrupción petrolera de la que conversa en sus páginas: últimamente tanto ruido de motor en el río Napo ha hecho que hasta los espíritus tengan mal de espanto.

Santiago Santi ha sido promotor de salud, catequista, cazador, padre de familia, esposo, estuvo en el cuartel militar, dirigente de su comunidad, defensor de derechos humanos. Es testigo del cambio que han sufrido las comunidades indígenas de la ribera del río Napo. Estas páginas son un legado para sus hijos y para los hijos de los hijos y para la comunidad pues en ellas está la historia de su pueblo.

La lengua materna de Santiago Santi es el kichwa. Hemos intervenido lo menos posible en sus textos, que si bien están escritos en castellano, recogen la expresión más profunda de la cultura y el pensamiento naporuna.

Sé de dónde vengo, no sé a dónde voy, repite Santiago Santi en estas páginas como un llamado a su gente a cuidar sus raíces para que crezcan fuertes las ramas y ricos, los frutos.

Pakrachu/gracias, Santiago Santi por estas historias que son las historias del pueblo naporuna.

Santiago y su familia al recibir el libro.

Santiago y su familia al recibir el libro.

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